La “Familia espiritual”
La “Familia espiritual” de las Religiosas de Jesús Redentor y María Reconciliadora es una concretización del ideal de vida que está en el origen de la Congregación de las Religiosas de Jesús Redentor, llamada a encarnar en la Iglesia y en el mundo la misión de reparación y de reconciliación.
Este Carisma, dado a la Fundadora Victorine Le Dieu, es un don del Espíritu que no se limita a la Congregación sino que se ofrece a todos los que desean comprometerse en una misma misión, cada uno según su vocación, formando una “Familia Espiritual” para el bien de toda la Iglesia.
Victorine Le Dieu, escribe:
“Mis pensamientos y mis deseos pertenecen a todos,
en todos los tiempos y en cualquier lugar”.
¿Quiénes son los miembros que la forman la Familia espiritual?
Son todos aquellos que comparten la espiritualidad de la Congregación: jóvenes, adultos, matrimonios, ancianos, enfermos… todos unidos por el único ideal: colaborar con Cristo Redentor y María Reconciliadora por la salvación de los hombres, nuestros hermanos.
Existen diversas modalidades de pertenecer a la Familia Espiritual:
- Una persona que, mediante una sencilla promesa, se compromete con la oración, con la adoración y con el ofrecimiento de los actos cotidianos a trabajar por la reparación y la reconciliación.
- Los laicos que, al finalizar un camino de formación, emiten votos a través de una consagración laical (La consagración laical tiene estatutos propios).
- Los presbíteros que, estando plenamente integrados en la Iglesia local, en comunión con sus Obispos, se adhieren a la espiritualidad.
Presbíteros, consagrados, laicos “juntos” en la complementariedad de los dones y de las vocaciones, enriquecen a la Iglesia, siendo signos de reconciliación en los distintos ambientes en los que cada uno vive.
“Un solo corazón y una sola alma para formar una sola voz de misericordia que llegue a todos los que sufren” (Victorine Le Dieu)
Es en esta complementariedad de vocaciones donde el carisma, que Dios ha confiado a la Fundadora, alcanza su plena realización al servicio de la Iglesia y de la humanidad necesitada de amor, de paz y de unidad, en un mundo destrozado por la violencia, por la injusticia, la pobreza, la pérdida de los valores espirituales.
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